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martes, 22 de septiembre de 2009

AUPA ABRE LOS TALLERES DE POESÍA RELATOS Y MÁS


http://aupauniondeprofesionalesyartistas.blogspot.com/

MARÍA SOLEDAD ARGÜELLES GARCÍA

MARÍA SOLEDAD ARGÜELLES GARCÍA
Autora de los libros AL PIE DE LA LETRA Y EN SU NOMBRE
Editados por el Área de Trabajo de Ediciones de la Asociación
"Publicar, hacer público, es dejar una marca"
Escribir poesía es un encuentro tenaz y nuevo cada vez, marcado por la “repetición”. No es en una vuelta a la nada que como forma vacía puede ser cercada siempre, sino que abriéndose siempre en el resto, la palabra cobra un nivel arquitectónico. Formas, construcciones que en el espacio abstracto del decir del espíritu, sin forma, elige el poeta al dejarse llevar, en la función poética. En ese tomar la distancia precisa que aúlla, salvaje, en sus profundidades.Toda poesía es social y todo poeta está inmerso en lo social-histórico. La poesía llamada intimista también es social. Es esa magnitud voluptuosa que nos atraviesa de tiempo, que como el rayo de la verdad marca un sujeto. Un sujeto evanescente, marcado por lo simbólico. La presencia se significa con la ausencia y viceversa.
Lo verdaderamente humano es después de la poesía. La palabra es anterior a la cosa. El poema es anterior al concepto teórico. El concepto teórico se sostiene en el poema.
Si hacemos un recorrido por la historia de la poesía, desde el Modernismo hasta aquí, vemos que la mujer en un ejemplo que tomamos en R. Darío dice, “qué quiere la princesa” a otro ejemplo que tomamos en uno de los poetas de la Generación del 27 P. Salinas el poema DUEÑA DE TI MISMA dice: “Una noche te vi tan inclinada / a abandonarte a ti / misma por unos astros/...” Sigue el poeta: “Tu mano,/con cinco puntas como las estrellas,/marca norte mejor que ningún astro.” Si en el primero el poema se pregunta si ella es deseante, el segundo la insta a ser sujeto del deseo, no sólo objeto de deseo, desear. El poema dice que salga de su conversación con dios, de sí misma y se haga del mundo, entre en la producción que haría que la mujer esté en lo social-histórico. Un paso más que está dado desde el psicoanálisis, ella para ser también ha de estar en los medios de producción, en todos los órdenes, dinero, habla y escritura.
“Quiero ser como esas grandes escritoras que no temen a nada, esas que se ponen a llorar, sólo, en presencia de un poema bien escrito”.No es un hombre o una mujer, el o la, que hace versos, es la poesía la que hace un hombre o una mujer en la poesía. (La Coordinadora del Taller de Poesía de los miércoles)


En la introducción del libro EN SU NOMBRE:

Los talleres de poesía son los semilleros de los poetas del futuro, son los candelabros que sotienen el fuego y también son como en este caso la rueda, para que la poesía siga girando.
A quienes se les ocurre ir a estos talleres, estoy convencido, tienen casi todos el virus de la poesía instalado en la sangre, y contra ese virus no hay, ni habrá vacuna capaz de aislar esa cepa tan maldita como es la poesía... Muchos de los que se atreven a incursionar en ellos, es probable que anden a la pesca de otros que padezcan de la misma enfermedad. Enfermedad que no es tal, más bien es un premio o un valor agregado incorporado en sus genes, como un estigma. Es más, como fueron tocados por esa varita mágica y trágica al mismo tiempo, llega un día que deciden hacerse cargo de ese destino, de esa pelea para decir las palabras que atropellan, que machacan, que lloran y gritan como huérfanas. El taller es el lugar para ir internándose en el mundo irreversible de la poesía.La suerte que suele ser loca en el abanico de ofertas puede hacer que sea Pilar Iglesias la que coordine uno de esos talleres, entonces ya es tarde para arrepentirse, el camino ya no tiene retorno para los iniciados, porque ella terminará incendiándoles el alma a todos no sólo de poesía, sino de algo que es mucho peor “de leyes de vida”. Quede claro entonces que la poesía es una droga casi celestial, y como tal, una vez que se metió en la sangre viajará hasta el final con nosotros y si Pilar Iglesias es la que está ahí, los iniciados tienen el viaje asegurado, y con las tuburlencias necesarias, hasta que se comience a volar por cuenta propia. Y esto fue lo que pasó con María Soledad Argüelles García. Hoy esta joven poeta se pone en la vidriera, se asoma al mundo de los bates para decir aquí estoy:“mientras pintamos el universo de colorescomo si fuera un lienzo interminable”.
Dice la novel poeta en los caminos de su búsqueda “Amanecía la vida en las orillas” y lo dice casi al pasar o como al descuido de quien abre los cajones para desempolvar recuerdos que la persiguen implacables en todo el itinerario de su obra iniciática.Recorre trecho a trecho, dolor a dolor todos los sentimientos encapsulados y los pone en la ventana de la vida para poder verlos desde la vereda de enfrente y desde allí armar su batería, ordenar los amores maltrechos, y empezar a pronunciarse desgarradamente entre un aluvión de preguntas sin respuesta, que acosan y pertuban el sueño.
No resulta fácil entender los olvidos y mucho menos cuando golpean en la inocencia. Entonces se recurre a la poesía para remendar las heridas y la poeta lo sabe, entonces dice:

“Y olvidaré los días que perdida entre sueños volaba
con mi alma en busca de un verso
y esquiva, me escondía.”

Ahora ya ni siquiera podrá esconderse, lo sabe. Sabe que se abrió el tunel, sabe ya donde está la luz, sabe cual es el camino y también está enterada que en ese camino puede suceder de todo. Desde aquí a la gloria hay trabajo y sólo y trabajo.
No queda otra que pelearle a la vida metáfora a metáfora, día a día, sueño a sueño. La vida está en marcha María Soledad, los dioses te aguardan, “En su nombre”, y como muy bien dices:´

“mientras pintamos el universo de colorescomo si fuera un lienzo interminable”.
Juan Carlos Piovano

SOMBRA Y LLUZ

A Antonio Machado

El encuentro comienza en el camino que silenciosocamina tras el pensamientode un ángel perdido.

La luz del solsujeta la tierra en la ruta que un destino tiende a su paso.
La palabra lleva el sustento del fuego y el viejo no entiende la suerte que le envía el nacimiento del día.